El proyecto de Adictos a la Escritura del mes de noviembre consiste en tomar un fragmento (de poesía, relato, canción, etcétera) y escribir a partir de él un texto.
Yo tomé el mío de "El libro de los gatos" que reúne poesías de diferentes escritores escritas para los gatos o que tienen a estos como protagonistas.
Espero que les guste y que si encuentran un error no duden en hacérmelo saber, al igual que cualquier otro comentario que quieran hacer al respecto. Miren que no muerdo (fuerte...)
Yo tomé el mío de "El libro de los gatos" que reúne poesías de diferentes escritores escritas para los gatos o que tienen a estos como protagonistas.
Espero que les guste y que si encuentran un error no duden en hacérmelo saber, al igual que cualquier otro comentario que quieran hacer al respecto. Miren que no muerdo (fuerte...)
Silenciosa sucesión de los días.
A minha gata morreu. Agora ja me posso suicidar.
[Mi gata murió. Ahora ya me puedo suicidar].
Adília Lopes.
Después de una noche de dar vueltas en la cama, sintiendo como el calor me atrapaba entre sus húmedos brazos y bebía de mi aliento el cansancio y el hastío, me levanté y trastabillé hasta el baño.
Me senté en el inodoro con los ojos cerrados. Sentía el peso de mi cabeza como una carga imposible, una fruta madura que explotará sin previo aviso. El cuerpo me dolía. Un estremecimiento incontrolable repercutía entre mis huesos, subía y bajaba por mis piernas y mis brazos. A hora tan temprana, ya sentía el temblor de mis dedos que buscaban asirse a algo sin darse cuenta siquiera.
Me levanté. Caminé hacia el lavabo y abrí la canilla. El agua fría brotaba con violencia, como molesta de que la convocara al amanecer. El precario cuenco de mis manos me lavó el rostro y dio paz al fuego abrasador que torturaba mi piel. El efecto era tan maravilloso que decidí beber un poco y mis labios agrietados se abrieron para embeberse de sangre y de agua.
El placer fue efímero. Bastó una mirada al espejo para recordarme a mi misma que lo que ahora me provocaba bienestar en pocos minutos podría hacerme retorcer de dolor. La piel deslucida de mi rostro, los ojos plagados de ramificaciones rojizas, los labios heridos que volvían a sangrar… mi cráneo cubierto por aquella pelusa oscura, aquella que se burlaba de mi larga cabellera de antaño… todo era un fiel recordatorio de lo mal que podría llegar a ponerme inesperadamente.
Una última ojeada y mi cerebro, que ahora tenía sus propios tiempos, decidió seguir adelante. Abrí el botiquín y tomé un pequeño vasito de plástico con apariencia de dedal. Allí fui colocando las pastillas que debía desayunar, todas las cuales tomaba casi por inercia. No estaba segura de que alguna de ellas aún pudiera obrar su magia…
Salí del baño sintiendo como la última pastilla descendía por mi garganta y atravesé el sofocante dormitorio. En la casa ya no quedaban muchos muebles. Los sillones, el juego de comedor, el televisor y las bibliotecas, todo lo había vendido, y los libros, discos y vajilla estaban en el proceso de mudarse a las cajas de cartón y salir a recorrer casas de beneficencia donde otras manos les buscarían hogar.
Las paredes y los pisos también estaban desnudos. Los cuadros habían sido lo primero que regalé y las alfombras debían estar acumulando polvo en el garaje desde el día en que tropecé con el pliegue de una y en la caída me quebré un brazo que nunca terminará de sanar.
Estaba todo silencioso. Ni siquiera el tránsito lento de la calle se colaba por las ventanas sin cortinas. Lo único que buscaba imponerse al silencio era el suave arrastrar de mis pies por el piso.
Entré a la cocina. Había dejado un poco de pan envuelto en un repasador sobre la encimera. Creía recordar que era todo lo que tenía para comer, al menos de lo último que había encargado al chico de enfrente que pasaba a ver si necesitaba algo. El chico era amable, aunque algo perezoso, y venía al menos cuatro veces a la semana a hacerme ese favor. Para él era un buen negocio.
Me senté a comer. Mi mirada se deslizó apáticamente por la habitación. Me quedaba una silla, un plato, una taza, un juego de cubiertos y poco más, ya que no cocinaba para mí desde hacía semanas y muchas de las cosas compradas en su momento para el nuevo hogar llegaron a convertirse en simples trastos con los que tropezaba o caían desde mis manos en cualquier ocasión. Los había lavado una semana atrás y sacado a la vereda, todo cuidadosamente envuelto. En una hora no quedaba nada. Así era mejor.
Pero no había podido cambiarlo todo. En el rincón donde estaba la despensa las cosas se mantenían limpias y cuidadas: un cuenco con agua fresca, un recipiente con comida, y más allí un canasto con un gran almohadón y una mantita. La habitación de mi gata, Berta.
Berta estaba conmigo desde siempre, desde los años en el liceo, el primer novio, la muerte de mi hermano en aquel accidente. De a poco los habíamos visto partir a todos: a mis padres, a sus tres gatitos del único parto a los que se llevó la gripe felina, al único perro que tuve en mi vida y que ella crió a fuerza de bufidos y cabezaditas.
Ella, se me daba por pensar a veces, adivinaba que no me quedaba mucho tiempo más. No porque la casa se fuera vaciando o después de una semana en la capital volviera calva como un bebé. Supongo que lo sabía como saben los animalitos, y por eso se quedaba a mi lado por las noches, incluso cuando mis caricias se convirtieron en movimientos torpes y mis brazos fueron perdiendo fuerza. Si no fuera porque ella se sentaba junto a mi cabeza por las mañanas con esa expresión como si sonriera, yo habría dejado de levantarme hace tiempo, cuando el dolor se volvió intolerable.
Se adaptó a mis tiempos, a mis movimientos pausados y mi expresión confusa. Me miraba con comprensión, parecía, cuando después de una sesión comenzaba a hablarle y olvidaba lo que estaba diciendo a los pocos minutos.
Dos días atrás se fue sin avisar. Parecía dormir con la colita abrazada entre sus manitos blancas y esa expresión sonriente… por un momento pensé que abriría un ojo y me miraría con desgana, pero no, no volvería a hacerlo. Cuando vino el chico de enfrente le pagué cincuenta pesos para que me ayudara a enterrarla envuelta en una de sus mantas bajo el único árbol del jardín.
No podía culparla. De algún modo agradecía que se hubiera ido antes, la sola idea de tener que dejarla me partía el corazón. Supongo que las dos nos estábamos yendo de a poquito y lo mejor fue que las cosas ocurrieran así.
Ahora quedaba solo yo. Pero había decidido que mi espera llegaba a su fin.

29 escribieron conmigo.:
Que triste y hermoso al mismo tiempo. Supistes describir el vacío de la muerte que poco se lleva un alma... felicidades
es precioso maga! no conocía El libro de los gatos, tiene buena pinta
Los animales son siempre mucho más empáticos de lo que creemos, siempre se dan cuenta de nuestra emociones y por ello siempre están ahí.
Me ha gustado mucho porque no dejas ningún cabo suelto y se adapta perfectamente al fragmento que has elegido.
¡Enhorabuena!
Uf... menuda lenta agonía. Pero resulta romántica esa muerte, como tu dices, poquita a poquita. Siento debilidad por los gatos, me he criado con una pandilla de doce :P y comprendo esa empatía que desprenden, como si se sintonizaran contigo.
Muy bien escrito y descrito! :)
creo que la tristeza de la situación se hace mucho más grande en medio de tanta soledad
muy bueno Maga, te dejo mi saludo
Un relato desgarrador y conmovedor, muy bien escrito! Saludos Maga! :)
Me ha gustado mucho, ains... que lloro y todo >.<
Un beso!
PD: todavía no he visto Bones xD
PD2: ¿Cómo se puede participar en este proyecto? o_O
Un texto muy duro y lamentablemente muy real. Dicen que los felinos son muy energéticos e intuitivos, seguramente intuyó que todo llegaba a su fin y se marchó.
Un gusto leerte!!
Besos!!
Maga, no había tenido la oportunidad de leerte y me ha gustado la forma en que describes esa lenta agonía (como bien lo dijeron por allí) y como cuentas la historia en general.
Un beso.
Narras el dolor del personaje con una minuciosidad extraordinaria. Pese a que apenas hay acción, el flujo de conciencia está todo el rato en movimiento. Además, este modo de narrar hace que se mantenga la intriga. Sabemos que hay un personaje que sufre, pero nos hacen falta todos los detalles para saber cómo.
Te odio.
me hiciste llorar y besar a mi gata ¬_¬ y por si las dudas no, no miento...
esta demasiado bueno ¬_¬
y mira que no suelo llorar cuando leo, o veo películas (por ejem)
¬_¬
La última de la familia ... sola y enferma, ni el gato le queda ya. Solo le queda la esperanza de partir pronto hacia otro lugar mas grato y menos solitario.
Muy triste, muy bien escrito.
salu2
Que duro, que amargura de enfermedad. La protagonista observa como todo se va perdiendo a su alrededor, o ella va deshaciéndose de ello en una lenta despedida, y lo único que le queda, su gata, también se ve. Está muy bien narrado, y es muy triste, pero te ha quedado precioso. Besoss
Muy bueno Maga, y muy real... me aguaste los ojos... felicidades
GENIAL!!!! Me hizo pensar en qué sería de mi y mi gata...Bah!!! Ella extrañaría mas a mi hermano que a mi =( jajaja... Maga, me hiciste recordar el pasaje de "El amor en los tiempos del Cólera" donde se suicida este señor que jugaba al ajedrez...Y su perro se queda ahí con él, aunque está suelto, para salvarse, pero no, él se queda con su amo (bueno, eso lo sentí al leer el verso que seleccionaste).
Los pelos de punta... Yo me volvería loca.
Saludos
Muchas gracias a todos por leer y comentar. Ha sido un gusto recibirlos por aquí :-)
Besos a todos!
Hay, se rompió mi corazón </3
Te quedó precioso, triste y encantandor. u.u Creo que es muy cierto, conozco a muchos animalitos que se van con las personas. uwu... ¡Hermosos como nada ni nadie! T^T
Qué lindo Maga owo
Querida Maga, me ha encanta el titulo que has colocado, creo que tiene una concordancia estupenda con el relato que nos presentas.
Y sobre el relato, esa asimilación de la muerte que retratas, me es una sensación muy cercana, creo que me identifiqué mucho con tu escrito y no puedo más que agradecértelo.
De nuevo, gracias por compartirnos tus letras.
¡Saludos!
Un texto muy duro...por motivos personales diré que me ha costado leerlo, pero bueno, está bien escrito y transmite muchos sentimientos, en este caso de soledad, tristeza y hasta resignación. Muy bien, como siempre!
La gatita se marchó pero sólo para darle el descanso a su dueña... Va perfectamente con el fragmento que elegiste..
Es un relato hermoso y triste. ¡Me ha fascinado!
Fue un placer leerte.
Besos (:
PD: Muchas gracias por tomarte el tiempo de leer mi relato y dejar sugerencias ^^
Enhorabuena, Maga, a la vez que cuentas la historia haces recordar con emoción las experiencias propias.
Maga, qué triste! Yo también adoro a mi gato, pero sobretodo a las personas. Una enfermedad larga y dolorosa tiene que ser de lo peor. Me gusta cómo expresas esa angustia!
Por otro lado, tenía un par de dudas:
cuando abre la canilla, es el grifo? hay algunas palabras que se me escapan, jeje. Supongo que te pasará lo mismo.
Y por otro lado, hay una expresión que no sé si te coló, o que por lo menos, no me suena muy bien: "entre sus manitos blancas", son femenino o masculino? y los gatillos, por mucho que nos gusten, no tienen manos!! jejeje, sus patitas, en todo caso, no?
Un beso guapa, y genial relato!
Uhm... podría llorar pero, ambas tenían que avanzar por lo visto.
H.E.R.M.O.S.O Me encanto Maga.
Todo en él me gusto mucho. =) Mucho, tanto que creo que solte una lagrima.
Un beso
Lu
Que triste pero que bonito... y que gran contradiccción...
Un placer leerte =)
GATOS!!!!!!!!!!!!!! wn, amo los gatos, los veo y caigo rendida como una cruel esclava a los pies de un gato jajaja >_> pero Maga, porqué escribirle tan triste? no importa, te quedó precioso, me has metido el dedo en la yaga figuradamente claro XD
Saludos
Cuando alguien especial en tu vida ya no está compartiendo los momentos que solían juntos disfrutar, es obvio que sientes un enorme vacío al sentirte que no quieres seguir adelante con tu existencia.
Sin embargo, el fragmento de la poesía de Adília Lopes es tan intenso que ayuda a tu historia envolverse en una atmósfera tan oscura y lúgubre, que se puede apreciar en la narrativa de la anciana.
Saludos Karuna ^^
Publicar un comentario en la entrada