sábado, 30 de abril de 2011

Proyecto de Adictos abril: Relato de un mismo género... infantil.

El proyecto del mes de abril me ha dado más de un dolor de cabeza, ya que no es la primera vez que intento escribir un cuento infantil y creo que nuevamente he fracasado en ello.
Armar una historia en sólo dos páginas, tener personajes interesantes, mantener la atención de un público que no trato (jajaja) más todo lo demás que implica escribir para chicos, me ha superado. El resultado ha sido un relato breve donde hay un personaje simpático, con una anécdota que ni fú ni fá, donde lamentablemente hay una especie de enseñanza final, y que de a ratos me llevaba a otra cosa, a otro tono completamente diferente al que debía tener, y que estoy segura que si lo agarra un niño de entre seis y ocho años me lo devuelve después del primer párrafo... 
En mi defensa sólo diré que... a los seis años, mi libro de cabecera era "Platero y yo" :-)


La Tarea de Myu.



El gato se encaramó a la ventana y un segundo después se dejó caer sobre la mesilla de luz. Los papeles y libros que se apilaban allí cayeron con diversos “¡plafs!” pero el espectáculo era tan bonito que se detuvo junto a las hojas desparramadas y movió con la manita el rulito de un cuaderno.

Le hubiera gustado quedarse a jugar allí, esconderse entre los papeles de colores y patinar sobre ellos de un lado a otro… pero mamá lo esperaba y si tardaba mucho más en llegar iría a buscarlo muy enojada. ¡Y cuando mamá se enoja hay que verla! Con sus bigotes tan blancos acusándolo y la mirada brillante como si en vez de a un gatito estuviera viendo a un ratoncito gordo… Ah, no, él no quería que mamá no lo dejara salir a jugar entre las flores por la mañana, justo ahora que el jardín estaba lleno de “arbejas” tan robustas… Parándose firme sobre las cuatro patitas blancas y negras, el pequeño gato siguió su camino.

De la habitación de la niña de los dientes de lata, pasó al frío pasillo, donde se entretuvo otro momento rascándose la cabeza en el bajo de una mesita llena de objetos brillantes. Mamá le había dicho que se llamaban “cerámiclas” y que no debían jugar cerca de ellas porque estaba cansada de escuchar a la mujer del cerquillo decir que los correría a todos, a todos, a todos, si volvía a romperse alguno. Él no lograba relacionar una cosa con la otra, y solía olvidarse de las palabras de mamá cuando caminaba por el pasillo y de repente uno de esos objetos brillaba, como si le dijera “¡oye, no te olvides que estoy aquí!” y él se acercaba a ver y desde muy lejos ante sí veía aparecer un gatito con mucha nariz rosada y bigotes tan blancos como los suyos, que parecía haber escuchado el llamado de la cerámicla y venía a jugar con ella. A veces los gatitos se miraban y miraban la cerámicla, y a veces se tocaban con las manitos pequeñas y rosadas también, las uñas filosas y semi transparentes, y echaban a correr en diferentes direcciones ante lo frío que estaban.

Ahora las cerámiclas debían estar muy ocupadas entre ellas, porque mientras estuvo allí frotando su cabecita contra el borde transparente de la mesilla, ninguna le prestó atención. Así que terminó lo suyo y continuó caminando.

Pasó sobre la alfombra de la sala, donde todos los pies humanos de la casa señalaban en dirección a la caja en la pared, la que mamá dijo que se llamaba teledicción y que a veces ponía unos colores tan bonitos que daban ganas de saltar sobre ellos. Desde el sofá, una mano pequeña cayó sobre su lomo y le acarició hasta la punta de la cola. Se detuvo un segundo, olfateó los dedos que olían a algo muy diferente a lo que solía haber en su plato, pero bastó con que apenas lamiese la piel para alejarse nuevamente, entrando y sacando la lengua de la boca para quitarse ese sabor tan fuerte y salado. ¡Que cosa más rara para ponerse en los dedos!

Salió entre el clap clap de la caja en la pared, pero no se asomó a la cocina porque no había luz y de todos modos sabía que mamá lo esperaba en el balcón.

Atravesó otro dormitorio, donde una alfombra mullida  le escondía manos y patas, y aunque en principio jugó a que era pasto, la sensación era tan extraña que cada paso parecía absorverlo y volverlo más lento… como si lo invitara a rodar y rodar por allí hasta quedarse dormido. Casi se deja caer patas arriba allí mismo… pero al levantar la mirada vio a su madre observándolo desde el otro lado de la ventana y se enderezó, se puso serio, y caminó como todo gatito de su edad: dando saltitos despreocupados con la cola sondenando diversión y aventuras.

Mamá sí que era grande y blanca, tan delgada y elegante que de ningún modo pensarías en rodar frente a ella, con la panza semi cubierta de esa pelusita que aún no se te iba para que viniera el pelo… un pelo como el de mamá, brillante y suave, con olor a tierra, a independencia, a calidez.

Te sientas junto a ella, y no puedes evitarlo: restregas tu cabeza en su brazo, arriba y abajo mientras le dices cuanto gusto te da tenerla cerca. Mamá se inclina y te lame las orejas, intentando darle una dirección al poco pelo que lucha por imponerse a la pelusa. Después se aparta y dice:

─Tienes tarea que hacer, Myu.

Quiere decirle algo como dice el niño de las manchitas en la cara, algo como “ufa, ¿por qué?”, pero mamá lo mira como si le adivinara el pensamiento y se sienta esperando.

Myu, que se llama así porque los miembros de la casa aseguran que no sabe decir “miau” comienza a recitar su tarea:

─Las personas tienen derechos y los gatos también. Los gatos tenemos derecho a tener agua limpia para tomar cada día, un plato de comida siempre lleno, un juguete que nadie pueda quitarnos, una manta donde podamos acurrucarnos. Podemos dormir donde queramos, siempre y cuando estemos cómodos, porque es nuestro derecho el de descansar y mantenernos sanos. Los gatos tenemos derecho a jugar, a que se respete nuestro espacio, a exigir atenciones, a pasear por la casa por las noches y a tener nuestros propios patios.

Myu guardó silencio, mientras imágenes muy vívidas de esas frases pasaban por su cabecita. La voz de su madre lo devolvió a la realidad.

─¿Y…? ─lo alentó a continuar.

─Y ─dijo Myu con entusiasmo─, por eso a las gentes se les permite decir que somos “suyos”, ponernos sobrenombres, despertarnos durante el día, correr a los ratones que traemos para jugar, darnos abrazos y hasta llamarnos “mascotas”.

─Mmmm… Bien ─concluyó su madre, mientras se lamía la mano con mirada pensativa─. Los derechos de los gatos son esos y muchos más, y lo bueno que tienen es que podemos agregar más si queremos.

Myu la miró sorprendido, con los ojos azules aún abiertos muy grandes, pero su madre sabía que no era momento de continuar con las explicaciones.

Ya crecería su hijo y decidiría si sumar a sus derechos el jugar con las cerámiclas o dormir sobre la teledicción, derecho que hasta ahora reservaba para sí misma.  De momento, bastaba con saber que siempre debía tener a alguien para que le llenara el plato de comida y le brindara un cómodo espacio para dormir, y más tarde le explicaría cómo hacer para valerse por sí mismo.

Lamió la cabeza de su pequeño una vez más, y luego le dio un suave empujoncito en dirección al dormitorio. Era hora de ir en busca de sus hermanos, y dedicar las últimas horas de la tarde a los juegos.

Los derechos de los gatos a veces no eran muy diferentes a los de los niños humanos, y por eso era mejor aprenderlos desde pequeños.

14 escribieron conmigo.:

Déborah F. Muñoz dijo...

no seas tan dura contigo misma, mujer. El gatín es una ricura! No es nada fácil escribir para niños, yo lo paso mal cuando lo intento...

PukitChan dijo...

Tranquila, la literatura infantil no es fácil de escribir, pero es una lindura lo que has escrito ¡Te quedo muy bien! Me encantó el gatito

Kate P.B dijo...

Te ha quedado muy bien.. ademas de super original al hacerlo desde la vista de un gato.
Besos :)

camila dijo...

maga que te pasa??

estoy de acuerdo!!

no te dejare que seas tan dura con vos misma! :)

es realmente maravilloso querida!
-si me dejas acotar que esta tan bueno como todo lo que escribes-

ánimos querida!! tienes mas que talento!

muchísima suerte amiga, saludos!! cami

Esther dijo...

Oye, te ha quedado muy bien y es muy original, ¿por qué piensas que es un fracaso? Me encantan los gatos y este relato dice casi a la perfección como son. Por cierto, me ha gustado eso de los derechos de los gatos, jeje.
¡Abrazos!

Magica Hilda dijo...

Pues a mi me ha gustado el cuento. Es muy original, y me ha hecho gracia esa similitud del gatito como si fuera un niño pequeño, su manera de hablar, el cariño que siente por su madre-gata. Y lo de los derechos de los gatos te ha quedado genial. Escribir para los niños es muy difícil, a mi me ha costado un montón. Le has puesto ese toque de aventura y ternura que les encanta a los pequeños. Felicidades.

Dany nphenix dijo...

Me encantó el cuento, muy tierno. Me gustó mucho la pequeña aventura de Myu. Además, me pareció original.
Por cierto, me encanta el nuevo diseño del blog. Le queda muy bien. La cabecera también me gustó mucho.
Besos.

Tifa dijo...

Pues a mí me ha parecido una preciosidad *_*· . En primer lugar, ya me has enamorado poniendo de protagonista a un gatito >w<· . Pero lo cierto es que es una narración amena y bonita, y al final das un mensaje con el que me siento muy comprometida :3 .

Laura S.B. dijo...

Los gatitos son mi debilidad. Por otro lado, escribir para niños es muy complicado, hay que involucionar un poco y volver a entender el mundo como ellos. Lo único que puedo aportar como observación es que para un niño pequeño tal vez no le engancharía, quizás por lo cotidiano de las acciones (a pesar de ser un gato el prota), tal vez exagerandolas un poco habrías conseguido un texto con más movimiento. Por lo demás es una historia muy bonita y taaaan gatuna ajajaja.

KaRoL ScAnDiu dijo...

Ainss.... hacía muchísimo que no sonreía de lado a lado leyendo algo.

Y sí, he sonreído desde el principio, con cada paso y pensamiento de Myu, que no sabía decír Miau.
Con sus pensamientos hacia la ceramicla que parecía decir "estoy aqui", o la teledicción, que vamos, como para saltar sobre ella.

Pero sobre todo, con éstos derechos tan básicos, simples, y que, si se respetasen, igual con gatitos, perritos, y niños, el mundo sería mucho, mucho mejor.

Me encantó mi Maga. Y pienso que la lectura infantil sí puede ir a más. Aun que, hay cuentos con palabras más simples o fáciles, me hago (y pido perdón por la osadía), con las palabras pronunciadas por la escritora Ana María Matute al recibir el Premio Miguel de Cervantes, dónde dijo, que los niños no son estúpidos ni necios, y que hoy en día, se cambian y hacen barbaridades con lo que es la literatura infantil.

Hermoso, me encantó mi Maga:D

Kisses...

hada fitipaldi dijo...

Pues creo que lo hayas hecho pero que muy bien Maga. Es genial, original, y escribir desde el punto de vista de un gatito (por cierto muy tierno) añade un punto de dificultad a la ya difícil tarea de escribir sobre género infantil. Me ha gustado mucho también la introducción de términos como "teledicción" para personalizar el lenguaje del gato. Muy bien redactado. Besos!!!

Maga de Lioncourt dijo...

Muchas gracias a todas por sus palabras.
Me alegra que les gustara, por más difícil que haya sido el intentar encarar una historia infantil.
Éste mes fuimos muy pocos los participantes, pero me encanta que nos hayamos animado y que hayamos compartido el momento de la lectura.
Ni qué decir que también es un gusto que Cami, Dany y Karol dejaran su opinión una vez más, siempre es un placer leerlas :-)

A ver si en mayo nos toca algo más "sencillo".

Besos y excelente semana!

Nenina dijo...

Ajajajaja que lindo el Myu, como aprende las lecciones de la vida:D
y que la mamá no se enoje!!! que si lo mira como si fuese un gordo ratón, la cosa seguro que se pone mala:P ajajajaj que lindos y con una bella lección para los peques... tener un animalito no es sólo "tenerlo" si no que hay que cuidarlo, es un trabajo que se debe saber antes de obtener al animal:d
muuuuuuuuuuuuaxxx bella me encantó!:D

Karuna dijo...

Maga de Lioncourt:

Me alegro que reconozcas la dificultad de hacer un cuento infantil, pero en tu caso tu relato está muy lindo.

A los niños le gustan mucho los animales, en especial cuando retratas a las mascotas como niños.

Debo decir que me causó nostalgia leer tu texto, porque mi familia de gatos están descansando en el cielo.

Saludos Karuna ^^